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domingo, 23 de marzo de 2014

Hazte amigos de tus fantasmas




Terminado un proceso de coaching, mi cliente me envió un mensaje de retroalimentación en el cual me manifestaba  que  muchos de sus problemas seguían estando allí pero que  su actitud ante ellos  era completamente distinta. Durante las sesiones  trabajamos sobre la importancia de aceptar las cosas tal como son,  que muchas veces el desconocer  las circunstancias que acompañaban al hecho, hace que tengamos una apreciación  sesgada de los mismos.  El hecho en sí no va a cambiar, pero si nuestra comprensión sobre él, y eso nos puede llevar a darnos cuenta que muchas veces magnificamos los cosas porque sentimos que somos nosotros los que hemos fallado y que hay algo en nosotros que no funciona bien. Una especie de mal karma que vamos arrastrando y que distorsiona todas las experiencias futuras. Muchas veces estamos tan enfrascado en nuestro propio círculo vicioso, rizando el rizo, que  no nos damos cuenta de muchas verdades evidentes, y nos sorprende que una persona ajena a nosotros, en este caso un coach, pueda tener una visión más clara de las cosas que nos bloquean en nuestro avance. Esto ocurre porque cuando cambiamos nuestro punto de enfoque y vemos las cosas desde otra perspectiva todo adquiere una dimensión distinta, y al dejar de ser sujeto y convertirse en mero espectador de nuestra realidad, como si esta le perteneciese a otro, pues somos capaces de desbrozar toda esa maleza de caos que rodeaban al hecho mientras lo experimentábamos. En muchos casos, sobre todo cuando es algo que ha acontecido en  nuestra infancia, darnos cuenta que la causa no hemos sido nosotros ya que no teníamos ni voz ni voto ni conciencia para poder modificar las cosas, nos lleva a vernos de modo distinto, la culpa que no tiene razón de ser se disipa. Cuando aceptas que a veces tus problemas  han sido producto de las circunstancias, poder entender las mismas, quizás no logre que los puedas hacer desaparecer, pero sí que puedas vivir con ello de un modo más amigable. Esto me recuerda  una historia en la cual un hombre va a ver a un terapeuta porque no puede dormir debido a un sueño recurrente en el cual le persigue un dragón rosa que se lo quiere comer, tras exponer su caso el facultativo le dice que no se preocupe, que su caso se resuelve con 6 meses de terapia por un  importe  3000 €. El cliente sin rastro de expresión en su rostro se levanta y se dirige hacia la puerta, el médico  asombrado le pregunta."Pero oiga, ¿A dónde va usted?"- a lo cual el hombre responde: -"Mire doctor, por 6 meses de mi tiempo y 3000 € me voy a mi casa a hacerme amigo del dragón"-.

Pues eso, si no podemos matar a nuestros fantasmas, mejor hacerse amigos de ellos.

Valeria Fuster


viernes, 10 de enero de 2014

Coachs, nuevos Mesías

Dicho así puede parecer muy fuerte, pero fue el comentario que oí de alguien de mi entorno cuando dije que me estaba dedicando al coaching. Yo me quedé impasible y no me di por aludida.
 Hace tiempo que aprendí que no vale la pena explicar nada a quién no quiere entender, además no necesito la aprobación del otro para saber si lo que hago es o no correcto.

Una vez leí una frase que decía: “Que no hablen los que saben sino los que conocen”.                             Ésta frase, que a simple vista puede parecer redundante, marca una diferencia esencial entre una y otra cosa.
El saber se puede adquirir a través de la lectura, la conversación, el intercambio de ideas, pero el conocer sólo se logra mediante la experimentación, el vivirlo en primera persona.                                                       No es lo mismo que sepas que cuando uno tiene una crisis de ansiedad se desatan ciertas reacciones fisiológicas, a sentir la garganta seca, las manos sudorosas y el corazón palpitando a cien revoluciones por minuto mientras conduces por la autopista, en pleno ataque de pánico, bajo una lluvia torrencial.                 Por mucho que te digan que te tranquilices, por mucho que respires e intentes controlar la mente, el proceso ya está en marcha, y tu sabes que por eso no te vas a morir, pero en ese momento te sientes como si te fueras a morir, (aunque suene exagerado es así).                                                                                           Y una vez pasado el mal trance, no sólo le pasa factura a tu cuerpo el torrente hormonal que se te ha chutado en sangre, sino que se añade al daño emocional que le causa a tu autoestima, la vergüenza que sientes ante tu reacción aparentemente exagerada, y los reproches que se te hacen desde tu entorno por tu respuesta.                                                                                                                                              

Las mayoría de los coachs hablamos en primera persona, de lo contrario pienso que no pueden ser inspiradores de nada. La teoría debe servirnos para estructurar nuestras sesiones y aplicar las herramientas que nos lleven a obtener un resultado, pero si falta el ingrediente vital que es la empatía, no hay nada que rascar; entonces sí que se convierten en unos falsos mesías que van predicando con entusiasmo algo de lo que desconocen totalmente.

No digo que para ser coach hay que haber pasado por una situación traumática y límite, nada de eso, me refiero a que como decía Sócrates: “La vida examinada, es la única que merece ser vivida”.

 Las propias vivencias son nuestra mayor fuente de conocimiento, las batallas que hemos librado son nuestro campo de aprendizaje. Por eso entendemos que cuando una persona acude a nosotros, muchas veces se encuentra perdida, “como un corcho en medio del océano flotando a la deriva” y que lo último que precisa en ese instante son lecciones de moral, o juicios gratuitos sobre su persona, sino alguien que le guíe en su proceso de superación y autoconocimiento.

Yo suelo explicar a mis clientes que la diferencia de un proceso de coaching respecto a otras terapias o herramientas de apoyo, es que su pasado y la causa de su mal da igual, que no se trata de hurgar en lo que duele y buscar culpables; que juntos tenemos que construir una cesta con los materiales que tenemos en nuestras manos, que no importa si el mimbre es el adecuado o la razón de su deterioro, que es lo que hay, y que desde esta realidad como punto de partida, hay que trabajarlo y moldearlo de manera tal, que la cesta sea lo mejor que se pueda lograr con el material aportado.

 Y puedo asegurar que algunas cestas quedan tan bonitas que bien pueden considerarse artículos de lujo. 


Valeria Fuster
Cambioycoaching.com



martes, 7 de enero de 2014

Al otro lado del río

Si lo que deseas está al otro lado del río, no tienes más opción para alcanzarlo, que cruzar el río. Puedes elegir la hora en que lo cruzarás, las condiciones atmosféricas apropiadas, el trecho del río por el que lo atravesarás, si lo harás a pié, en canoa o construirás un puente, si quieres cruzar sólo a la otra orilla o en compañía. Pero lo hagas como lo hagas, tienes que cruzar el río. Puede incluso que una vez llegues a la otra orilla te encuentres con que no valía la pena y que todo no era más que un espejismo; pero incluso en ese caso, para poder averiguarlo, tienes que cruzar el río.
cambioycoaching.com

viernes, 15 de noviembre de 2013

La importancia del lenguaje.


 Las cosas bien dichas suenan más bonitas y se aceptan mejor J

En lenguaje de coach: “Cariño, me gustaría que superaras tus creencias limitantes y salieras de tu zona de confort, y me dieras el apoyo que necesito para juntos afrontar las dificultades que nos faciliten ampliar nuestros horizontes”.

En lenguaje real: “Cariño, ya está bien de decir que éstas son cosas de mujeres, así que levanta tu culo de ese sillón y haz el favor de  ayudarme a sacar de aquí el trasto ese que me tapa la ventana y no veo nada”.


La vida,  con humor,  mejor.



El poder está en ti :)


martes, 12 de noviembre de 2013

Presentación

Presentación 





Se cuenta que Arquímedes dijo sobre la palanca: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»…

Todos, absolutamente todos, sentimos en algún momento de nuestras vidas como si nuestros pies estuvieran en arenas movedizas, nos quedamos paralizados sin saber qué hacer. El miedo de dar un paso en falso nos hace prisioneros.
Hay días en que nos comportamos como un perro persiguiendo su propio rabo, dando vueltas y vueltas sobre nosotros mismos, con ganas de meternos directamente en el WC y sacar nuestra mano tan sólo para tirar de la cadena, porque así es como nos sentimos, como una auténtica mierda, perdonando la expresión.

Y no es que porque seamos flojos, débiles o inadecuados, no. Lo que sucede es que sin darnos cuenta hemos tensado demasiado la cuerda y percibimos que las fuerzas nos abandonan, pero aún así, seguimos tensándola más y más.
La insatisfacción surge cuando el grado de responsabilidad que soportamos es directamente proporcional a la carencia de placer que padecemos.
Nuestra jornada, llena de horarios y compromisos, de ruido y prisas, no deja lugar a la contemplación, al disfrute de la vida misma. Y si en algún momento nos sorprendemos a nosotros mismos en un desliz, permitiéndonos fluir sin trabas ni corsés, surge enseguida el sentimiento de culpa. Sentirse bien no es normal.

Tenemos en nuestra cabeza miles de voces ajenas, que no nos pertenecen, pero que nos juzgan y censuran sin cesar con todos sus “deberías”, con su manía de “etiquetar” a todo el mundo.

El cuerpo se nos tensa y procuramos respirar, pero la ansiedad y el estrés ya se ha apoderado de nosotros y todas las excusas vienen a nuestro encuentro.
Probamos mil y una fórmulas para salir de nuestro encierro, pero ninguna nos funciona, porque en todas ellas descubrimos la mentira, la falsa complacencia, el mensaje placebo para acallar el incesante parloteo de nuestra mente.

Porque en el fondo de nuestra conciencia, sabemos muy bien que nada falla en nosotros, que no somos el reflejo de nuestras circunstancias, que lo único que nos sucede es que necesitamos un abrazo emocional, un punto de apoyo que nos dé la certeza de que todo va a salir bien, que nos anime a ser quienes realmente somos sin tener que justificarnos ni dar explicaciones de porque  queremos lo que queremos ni sentimos lo que sentimos, que nos ayude a aceptarnos sin reparos, a buscar aquello que realmente anhelamos y ampliar nuestros horizontes recorriendo un camino lleno de posibilidades, alcanzando nuevas metas, afrontando nuevos retos, creciendo y desarrollando todo nuestro potencial.


Déjame ser ese punto de apoyo, déjame ser tu coach.
¡Tú haz palanca y juntos moveremos tu mundo!



Valeria Fuster

www.cambioycoaching.com