miércoles, 27 de noviembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
Frases Motivadoras
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viernes, 15 de noviembre de 2013
La importancia del lenguaje.
Las cosas bien dichas suenan más bonitas y se
aceptan mejor J
En
lenguaje de coach: “Cariño, me gustaría que superaras tus creencias limitantes
y salieras de tu zona de confort, y me dieras el apoyo que necesito para juntos
afrontar las dificultades que nos faciliten ampliar nuestros horizontes”.
En lenguaje
real: “Cariño, ya está bien de decir que éstas son cosas de mujeres, así que
levanta tu culo de ese sillón y haz el favor de
ayudarme a sacar de aquí el trasto ese que me tapa la ventana y no veo
nada”.
La vida,
con humor, mejor.
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jueves, 14 de noviembre de 2013
La impaciencia por Louise L. Hay
La impaciencia no es más que otra forma de resistencia: es la resistencia a aprender y a cambiar. Cuando exigimos que todo se haga ahora mismo, que se complete de inmediato, no nos estamos dando el tiempo necesario para aprender la lección implícita en el problema que nos hemos creado.
Si usted quiere ir a la habitación de al lado, tiene que levantarse y avanzar paso a paso en esa dirección. Con quedarse sentado deseando estar en la otra habitación no se arregla nada. Pues es lo mismo. Todos queremos terminar con nuestros problemas, pero no queremos hacer las pequeñas cosas que, sumadas, nos darán la solución.
Ahora es el momento de reconocer nuestra responsabilidad por haber creado esa situación o ese estado. No estoy hablando de sentirse culpable, ni de que nadie sea una "mala persona" por estar dónde está. A lo que me refiero es a reconocer ese poder interior que transforma en experiencia cada uno de nuestros pensamientos. En el pasado, sin saberlo, usamos ese poder para crear cosas que no queríamos experimentar, porque no nos dábamos cuenta de lo que hacíamos. Ahora, al reconocer nuestra responsabilidad, tomamos conciencia de este poder, y aprendemos a usarlo conscientemente de manera positiva y en beneficio nuestro.
Louise L. Hay.
Si usted quiere ir a la habitación de al lado, tiene que levantarse y avanzar paso a paso en esa dirección. Con quedarse sentado deseando estar en la otra habitación no se arregla nada. Pues es lo mismo. Todos queremos terminar con nuestros problemas, pero no queremos hacer las pequeñas cosas que, sumadas, nos darán la solución.
Ahora es el momento de reconocer nuestra responsabilidad por haber creado esa situación o ese estado. No estoy hablando de sentirse culpable, ni de que nadie sea una "mala persona" por estar dónde está. A lo que me refiero es a reconocer ese poder interior que transforma en experiencia cada uno de nuestros pensamientos. En el pasado, sin saberlo, usamos ese poder para crear cosas que no queríamos experimentar, porque no nos dábamos cuenta de lo que hacíamos. Ahora, al reconocer nuestra responsabilidad, tomamos conciencia de este poder, y aprendemos a usarlo conscientemente de manera positiva y en beneficio nuestro.
Louise L. Hay.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
martes, 12 de noviembre de 2013
Presentación
Presentación
Se cuenta que Arquímedes dijo sobre la palanca: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»…
Todos, absolutamente todos, sentimos en algún momento de nuestras vidas como si nuestros pies estuvieran en arenas movedizas, nos quedamos paralizados sin saber qué hacer. El miedo de dar un paso en falso nos hace prisioneros.
Hay días en que nos comportamos como un perro persiguiendo su propio rabo, dando vueltas y vueltas sobre nosotros mismos, con ganas de meternos directamente en el WC y sacar nuestra mano tan sólo para tirar de la cadena, porque así es como nos sentimos, como una auténtica mierda, perdonando la expresión.
Y no es que porque seamos flojos, débiles o inadecuados, no. Lo que sucede es que sin darnos cuenta hemos tensado demasiado la cuerda y percibimos que las fuerzas nos abandonan, pero aún así, seguimos tensándola más y más.
La insatisfacción surge cuando el grado de responsabilidad que soportamos es directamente proporcional a la carencia de placer que padecemos.
Nuestra jornada, llena de horarios y compromisos, de ruido y prisas, no deja lugar a la contemplación, al disfrute de la vida misma. Y si en algún momento nos sorprendemos a nosotros mismos en un desliz, permitiéndonos fluir sin trabas ni corsés, surge enseguida el sentimiento de culpa. Sentirse bien no es normal.
Tenemos en nuestra cabeza miles de voces ajenas, que no nos pertenecen, pero que nos juzgan y censuran sin cesar con todos sus “deberías”, con su manía de “etiquetar” a todo el mundo.
El cuerpo se nos tensa y procuramos respirar, pero la ansiedad y el estrés ya se ha apoderado de nosotros y todas las excusas vienen a nuestro encuentro.
Probamos mil y una fórmulas para salir de nuestro encierro, pero ninguna nos funciona, porque en todas ellas descubrimos la mentira, la falsa complacencia, el mensaje placebo para acallar el incesante parloteo de nuestra mente.
Porque en el fondo de nuestra conciencia, sabemos muy bien que nada falla en nosotros, que no somos el reflejo de nuestras circunstancias, que lo único que nos sucede es que necesitamos un abrazo emocional, un punto de apoyo que nos dé la certeza de que todo va a salir bien, que nos anime a ser quienes realmente somos sin tener que justificarnos ni dar explicaciones de porque queremos lo que queremos ni sentimos lo que sentimos, que nos ayude a aceptarnos sin reparos, a buscar aquello que realmente anhelamos y ampliar nuestros horizontes recorriendo un camino lleno de posibilidades, alcanzando nuevas metas, afrontando nuevos retos, creciendo y desarrollando todo nuestro potencial.
Déjame ser ese punto de apoyo, déjame ser tu coach.
¡Tú haz palanca y juntos moveremos tu mundo!
Se cuenta que Arquímedes dijo sobre la palanca: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»…
Todos, absolutamente todos, sentimos en algún momento de nuestras vidas como si nuestros pies estuvieran en arenas movedizas, nos quedamos paralizados sin saber qué hacer. El miedo de dar un paso en falso nos hace prisioneros.
Hay días en que nos comportamos como un perro persiguiendo su propio rabo, dando vueltas y vueltas sobre nosotros mismos, con ganas de meternos directamente en el WC y sacar nuestra mano tan sólo para tirar de la cadena, porque así es como nos sentimos, como una auténtica mierda, perdonando la expresión.
Y no es que porque seamos flojos, débiles o inadecuados, no. Lo que sucede es que sin darnos cuenta hemos tensado demasiado la cuerda y percibimos que las fuerzas nos abandonan, pero aún así, seguimos tensándola más y más.
La insatisfacción surge cuando el grado de responsabilidad que soportamos es directamente proporcional a la carencia de placer que padecemos.
Nuestra jornada, llena de horarios y compromisos, de ruido y prisas, no deja lugar a la contemplación, al disfrute de la vida misma. Y si en algún momento nos sorprendemos a nosotros mismos en un desliz, permitiéndonos fluir sin trabas ni corsés, surge enseguida el sentimiento de culpa. Sentirse bien no es normal.
Tenemos en nuestra cabeza miles de voces ajenas, que no nos pertenecen, pero que nos juzgan y censuran sin cesar con todos sus “deberías”, con su manía de “etiquetar” a todo el mundo.
El cuerpo se nos tensa y procuramos respirar, pero la ansiedad y el estrés ya se ha apoderado de nosotros y todas las excusas vienen a nuestro encuentro.
Probamos mil y una fórmulas para salir de nuestro encierro, pero ninguna nos funciona, porque en todas ellas descubrimos la mentira, la falsa complacencia, el mensaje placebo para acallar el incesante parloteo de nuestra mente.
Porque en el fondo de nuestra conciencia, sabemos muy bien que nada falla en nosotros, que no somos el reflejo de nuestras circunstancias, que lo único que nos sucede es que necesitamos un abrazo emocional, un punto de apoyo que nos dé la certeza de que todo va a salir bien, que nos anime a ser quienes realmente somos sin tener que justificarnos ni dar explicaciones de porque queremos lo que queremos ni sentimos lo que sentimos, que nos ayude a aceptarnos sin reparos, a buscar aquello que realmente anhelamos y ampliar nuestros horizontes recorriendo un camino lleno de posibilidades, alcanzando nuevas metas, afrontando nuevos retos, creciendo y desarrollando todo nuestro potencial.
Déjame ser ese punto de apoyo, déjame ser tu coach.
¡Tú haz palanca y juntos moveremos tu mundo!
Valeria Fuster
www.cambioycoaching.com
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