Dicho así puede parecer muy fuerte, pero fue el comentario que oí de alguien de mi entorno cuando dije que me estaba dedicando al coaching. Yo me quedé impasible y no me di por aludida.
Hace tiempo que aprendí que no vale la pena explicar nada a quién no quiere entender, además no necesito la aprobación del otro para saber si lo que hago es o no correcto.
Una vez leí una frase que decía: “Que no hablen los que saben sino los que conocen”. Ésta frase, que a simple vista puede parecer redundante, marca una diferencia esencial entre una y otra cosa.
El saber se puede adquirir a través de la lectura, la conversación, el intercambio de ideas, pero el conocer sólo se logra mediante la experimentación, el vivirlo en primera persona. No es lo mismo que sepas que cuando uno tiene una crisis de ansiedad se desatan ciertas reacciones fisiológicas, a sentir la garganta seca, las manos sudorosas y el corazón palpitando a cien revoluciones por minuto mientras conduces por la autopista, en pleno ataque de pánico, bajo una lluvia torrencial. Por mucho que te digan que te tranquilices, por mucho que respires e intentes controlar la mente, el proceso ya está en marcha, y tu sabes que por eso no te vas a morir, pero en ese momento te sientes como si te fueras a morir, (aunque suene exagerado es así). Y una vez pasado el mal trance, no sólo le pasa factura a tu cuerpo el torrente hormonal que se te ha chutado en sangre, sino que se añade al daño emocional que le causa a tu autoestima, la vergüenza que sientes ante tu reacción aparentemente exagerada, y los reproches que se te hacen desde tu entorno por tu respuesta.
Las mayoría de los coachs hablamos en primera persona, de lo contrario pienso que no pueden ser inspiradores de nada. La teoría debe servirnos para estructurar nuestras sesiones y aplicar las herramientas que nos lleven a obtener un resultado, pero si falta el ingrediente vital que es la empatía, no hay nada que rascar; entonces sí que se convierten en unos falsos mesías que van predicando con entusiasmo algo de lo que desconocen totalmente.
No digo que para ser coach hay que haber pasado por una situación traumática y límite, nada de eso, me refiero a que como decía Sócrates: “La vida examinada, es la única que merece ser vivida”.
Las propias vivencias son nuestra mayor fuente de conocimiento, las batallas que hemos librado son nuestro campo de aprendizaje. Por eso entendemos que cuando una persona acude a nosotros, muchas veces se encuentra perdida, “como un corcho en medio del océano flotando a la deriva” y que lo último que precisa en ese instante son lecciones de moral, o juicios gratuitos sobre su persona, sino alguien que le guíe en su proceso de superación y autoconocimiento.
Yo suelo explicar a mis clientes que la diferencia de un proceso de coaching respecto a otras terapias o herramientas de apoyo, es que su pasado y la causa de su mal da igual, que no se trata de hurgar en lo que duele y buscar culpables; que juntos tenemos que construir una cesta con los materiales que tenemos en nuestras manos, que no importa si el mimbre es el adecuado o la razón de su deterioro, que es lo que hay, y que desde esta realidad como punto de partida, hay que trabajarlo y moldearlo de manera tal, que la cesta sea lo mejor que se pueda lograr con el material aportado.
Y puedo asegurar que algunas cestas quedan tan bonitas que bien pueden considerarse artículos de lujo.
Valeria Fuster
Cambioycoaching.com
viernes, 10 de enero de 2014
Coachs, nuevos Mesías
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martes, 7 de enero de 2014
Al otro lado del río
Si lo que deseas está al otro lado del río, no tienes más opción para alcanzarlo, que cruzar el río.
Puedes elegir la hora en que lo cruzarás, las condiciones atmosféricas apropiadas, el trecho del río por el que lo atravesarás, si lo harás a pié, en canoa o construirás un puente, si quieres cruzar sólo a la otra orilla o en compañía. Pero lo hagas como lo hagas, tienes que cruzar el río.
Puede incluso que una vez llegues a la otra orilla te encuentres con que no valía la pena y que todo no era más que un espejismo; pero incluso en ese caso, para poder averiguarlo, tienes que cruzar el río.
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